¿Te has fijado que internet está lleno de artículos titulados “X consejos para no sé qué”, “Los mejores consejos para no sé qué” o títulos parecidos.? Es la leche, páginas de todo tipo y blogs diciéndote lo que tienes que hacer para cualquier cosa que se te ocurra. Llevado al tema de los negocios no cambia: consejos para triunfar, para fracasar, para vender más, para vender menos…

Dar consejos parece algo inherente a la mayoría de personas.

Es curioso, pero esto de dar consejos parece algo inherente a la mayoría de personas. Nos pasa muy a menudo que alguien cercano, o no tan cercano, nos diga eso de “te voy a dar un consejo”. Y en ese momento pone cara de saber más que tú, y sin más te lo suelta.

Esta costumbre, aunque yo la llamaría de otro modo, viene de antiguo. No sé el porqué de ese afán de aconsejar, pero yo lo asocio a una mezcla de condescendencia y vanidad. Evidentemente, quien dé consejos no va a estar de acuerdo conmigo, pero decirle a alguien lo que tiene que hacer es, como poco, presuntuoso.

Yo no suelo hacer caso a los consejos, la verdad es que nunca lo he hecho; los escucho, sí, pero no les hago demasiado caso. Tomo mis decisiones con toda la información que tengo a mi alrededor, y los consejos, según de quién vengan, forman parte de esa información; según de quién vengan van directamente a la papelera.

Cierto es que en más de una ocasión tienes que soportar los comentarios si no hiciste caso y te la pegaste. ¡Si ya te lo advertí! Pero claro, eso es como jugar a cara o cruz, uno de los dos seguro que acierta. ¿Te imaginas qué pasaría si por seguir un consejo bien intencionado te metieras una buena hostia? ¿Qué le dices entonces a quien te aconsejó? ¿O qué te dice a ti?

Un consejo te lo da alguien que se supone que ha pasado por un trance o momento parecido al que tú estás pasando, y está basado en su propia experiencia. Pero es que es imposible que todas las circunstancias que rodearon a esa persona en ese momento sean las mismas que te rodean a ti ahora, por lo que es imposible que la experiencia sea similar; incluso aunque las circunstancias sean idénticas, el momento y, posiblemente, el lugar, son distintos. Así que con esas variable el consejo pierde validez, por bien intencionado que sea.

Listos que van dando consejos como si fueran repartidores de folletos.

También están los listos que van dando consejos como si fueran repartidores de folletos, pero de esos mejor vamos a pasar.

No dudo que haya gente que te quiere que te da un consejo intentando que no cometas el error que ellos cometieron, pero esa gente debería entender que cada uno tiene que seguir su propio camino. El conocimiento, la experiencia, la adquiere uno de sus propias vivencias, no de las de los demás. Y la experiencia se forja también a base de cometer errores. Yo, si quiero a alguien,  prefiero estar cerca por si me necesita, en lugar de darle consejos, y si me los pide le diré lo que yo haría si estuviera en su lugar, pero nunca le aconsejaría.

El mejor consejo es que no sigas consejos.

Así que, saltándome a la torera todo lo que te he dicho, déjame darte un consejo: el mejor consejo es que no sigas consejos. Sigue tu camino.

Y otro consejo: como no te tomes la cerveza ya, va a parecer caldo.

Salud!


pensamientos de 2 \"El mejor consejo.\"

  1. Comparto lo que defiendes.
    Los consejos hay que darlos cuando te los piden, pero en estas circunstancias es porque ellos lo solicitan y seguramente te han puesto al corriente de la situación, aunque tu siempre serás testigo de una mitad, con lo cual estás limitado por lo que esa persona cuenta.
    Las personas tienen la manía que si vienen a desahogarse y contarte una situación critica que están atravesando, piensan automáticamente que buscan un consejo, y lo que están realmente buscando es alguien que los escuche y les de algo de cariño para pasar el mal rato que están atravesando.
    Un cordial saludo,

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