Recuerdo que hace muchos años, cuando yo era un joven ejecutivo en una compañía de seguros, exitoso y algo engreído, llegué 10 minutos tarde a una visita concertada con el director de una empresa.

Yo siempre era puntual, me gustaba llegar con tiempo de sobra adonde había quedado y buscar un bar cercano donde tomarme un café, repasar mis notas y, en verano, refrescarme del calor que daba ir con traje y corbata.

El caso es que ese día, que llegaba más justo de lo acostumbrado, al bajarme del coche en una zona en obras metí el pie izquierdo en un charco, y esa vez busqué un bar para limpiarme y quitarme el barro de los zapatos, con más esfuerzo y tiempo del que yo hubiera imaginado.

Como te decía llegué 10 minutos tarde, y para mi sorpresa, la secretaria de ese director me dijo que había pasado mi tiempo, que su jefe era un hombre muy ocupado y se había dedicado a otras tareas al ver que yo no llegaba. No me esforcé en justificarme, no valía la pena dada la situación. Había llegado tarde. Punto.

Nunca tuve una segunda oportunidad con ese hombre, a pesar de que lo intenté varias veces. Pagué caro aquella dichosa metedura de pata, y nunca mejor dicho.

A lo largo de los años, en mis distintas labores comerciales, he podido comprobar que soy un bicho raro con esto de la puntualidad. Bueno, con otras cosas también, pero ahora no vienen a cuento y además me voy del tema.

En muy pocas ocasiones me he encontrado con gente puntual, con mi consiguiente mosqueo y pérdida de tiempo. Y lo peor de todo es que la mayoría de las veces ni siquiera me plantean una excusa o simplemente se disculpan, como si eso de los 10 minutos de cortesía se hubiera convertido en una regla con la que podemos jugar a nuestro antojo.

Y lo más sorprendente aún es que ya en la era de los teléfono móviles, y la de Whatsapp, todavía haya gente que no es capaz de avisar de su retraso.

Pero el caso ha ido a peor. Ahora, en la época de las videoconferencias, y más en estos tiempos de teletrabajo, no hay forma de que la gente se conecte puntual. ¿Cuál es la excusa? ¿El tráfico?

Así que me pregunto: ¿Qué ha pasado con la puntualidad? ¿O es que nunca existió? Te lanzo estas preguntas por si tú sabes la respuesta, porque yo, desde luego, no.

En fin, posiblemente éste sea uno de esos misterios que no tienen solución, así que vamos a tomarnos nuestra cervecitas, que ya hace calor y se calientan rápidamente.

Salud!

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