Mi padre fue un emprendedor de éxito durante algún tiempo, llegando a tener un buen número de personas empleadas. Después, no sé muy bien los motivos, nunca quise enterarme, le fue mal y se cargó de deudas.

Arruinado, buscó trabajo al abrigo de un primo en Barcelona, entonces vivíamos en Madrid, y allí que nos fuimos de la noche a la mañana toda la familia. Eran años buenos en la construcción y tuvo la paciencia y la honestidad de pagar sus deudas hasta la última peseta; espero poderlo hacer yo también, sea cuando sea. Y nunca más volvió a intentar tener su propio negocio.

Quizá por esa experiencia, bueno, seguro que por esa experiencia, desarrolló un sentido pesimista ante cualquier tipo de iniciativa que significara “moverse” por otros caminos, ser independiente, no depender de un jefe o una empresa. La verdad, tenía un arte especial para desanimarte si querías intentar algo nuevo.

Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos.

Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos. Esta frase me hizo gracia bastante tiempo, creo que sólo la he oído en la canción Pedro Navaja (pedazo de canción), pero después empecé a comprender bien su significado. Mi padre lo tenía claro, estaba convencido de que nosotros no estábamos hechos para triunfar, que éramos de una clase de gente, una casta, nacida para trabajar para otros. Los negocios no eran para nosotros, por eso nos iba siempre mal. Si estuviera vivo no dudo que me lo recordaría una y otra vez.

El caso es que con el desgaste del tiempo, de vez en cuando te replanteas si de verdad estás haciendo lo correcto. Te dejas llevar en momentos bajos y piensas que quizá tuviera razón, que son ya demasiados fracasos, que uno no está hecho para los negocios, que hay que asumirlo.

“La vida es así Juan, no le des más vueltas”, me dice una vocecita hija de puta en mi cerebro. Y me martillea una y otra vez recordándome la frase de la canción. Y como con tantas otras cosas, he aprendido a vivir con esa voz y con esa duda.

¿Qué haría si ahora me ofrecieran un trabajo bien pagado? Pues seguramente diría que sí, no voy a engañarme, un sueldo fijo a final de mes es la hostia, con hache. Pero tengo “suerte”, porque ya no quedan trabajos bien pagados y además nadie quiere en su plantilla a un tipo con mi edad y resabiado como yo.

Pero para suerte la que tengo contigo, que me escuchas sin interrumpir y además con unas cervecitas.

Salud!


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