Sí, soy raro. Siempre lo sospeché, y aunque muchas veces tuve cierta confirmación no me decidí a afirmarlo. Ahora tengo una certeza y media, ¿ves como soy raro?, así que me he decidido a reconocerlo por fin: Hola, me llamo Juan y soy raro.

Me estás mirando con una de esas caras que pones cuando no entiendes nada y no quieres decírmelo. Bueno, tampoco te he dado muchas pistas, y la verdad es que podía tenerte aquí hasta la semana que viene hablándote de mis rarezas, pero para hacerlo llevadero te voy a hablar de la que hoy me afecta, y creo que la principal de todas las que pueda tener.

Soy raro porque me cuesta mucho pertenecer a un grupo, por lo menos a los grupos a los que durante mi vida he pertenecido, sin pretenderlo o voluntariamente. Fui un yuppie y nunca estuve a gusto entre ellos, fui un reconocido técnico y prefería estar con los comerciales, fui comercial y me cansaban tantas brabuconadas de mis homólogos, me encanta el marketing y no soporto a tanta gente tonta del marketing… Podría estar poniéndote ejemplos un buen rato y llegaríamos a una conclusión: nunca estoy a gusto allí donde se supone que debo pertenecer.

Espíritu contestatario, pensarás. Rebelde sin causa, si quieres hacer la gracieta. Pero es una realidad aplastante lo mío, y no creo que sea porque me canso rápidamente de las cosas; más bien diría que la realidad siempre es muy distinta a lo que se supone que me voy a encontrar en un determinado grupo. Y ojo, que me estoy refiriendo exclusivamente al ámbito profesional.

Sí, ya sé que ahora estás pensando que quizá me cree unas expectativas demasiado grandes, pero ya hace tiempo que examiné ese punto y me di cuenta que no era el problema. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que hay muchos, y muchas, cantamañanas en cualquier terreno laboral o profesional. Quien dice cantamañanas dice prepotentes, chulillos, enteradillos, listillos, etc.

Recuerdo hace unos meses, en una de esas incubadoras para nuevas empresas, una charla con un “mentor” de nuevos emprendedores. El elemento en cuestión, con buen caché en el mundo del marketing, me “demostró” lo bien que sabía decir palabras técnicas en inglés, lo bien “informado” que estaba de lo que decían hacer otros tontos como él, y todo su afán fue demostrar, y demostrarme, que estaba a un nivel superior al mio.

No hay tanto “profesional” como nos quieren hacer creer los “profesionales”.

Ante tanta estupidez, yo preferí aguantar el rato por cortesía a los nuevos empresarios a los que acompañaba y que estaban “obligados”, en función de las condiciones de aquel lugar, a tener aquellas reuniones periódicas. Afortunadamente yo no, ¡una y no más Santo Tomás!

Mi conclusión es que no hay tanto “profesional” como nos quieren hacer creer los “profesionales”. Ni de largo. Esta ha sido mi certeza y media.

Sí, ya sé que piensa que estoy un poco para allá. Bueno, tomemos nuestras cervezas, ya verás como se me pasa la tontuna. 

Salud!


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