Tenía que ser en inglés, claro. Si estás metido en el mundo del marketing y las redes sociales, y no sueltas palabros en inglés, estás jodido, no tienes credibilidad para la comunidad, eres un loser. Pero bueno, este tema ya lo tratamos cuando te hablé sobre los tontos del marketing.

Hoy he venido a hablarte de esa oleada que, como tantas otras, nos invade y vuelve locos a marcas y gente del marketing a partes iguales. The influencers, así me evito poner el género, son ahora lo más, no podemos vivir sin su influencia, estamos perdidos si ellas o ellos no hablan de nuestra marca, no somos nadie si no se fijan en nosotros.

The influencers no son un grupo de rock, pero podrían serlo.

The influencers no son un grupo de rock, aunque bien podrían serlo. Antes eran los VIP, personas muy conocidas por su profesión (porque tenían una profesión), que podían marcar tendencia según sus comentarios. Después se unieron al grupo youtubers que hacen bobadas, las graban en vídeo, y tienen legiones de seguidores. Y ahora se han añadido, por la cara, una numerosa panda de bloggers (decir bloguero o bloguera no se lleva), que se han puesto la etiqueta de influencers y van por la vida, porque se lo creen, como estrellas. Y lo peor, han hecho de ello su profesión con el aplauso de empresas, marketeros y público en general.

Ya no es necesario que te sigan en las redes sociales decenas de miles de personas, lo que es necesario es que te pongas la etiqueta, te lo creas y le eches mucho morro. Las marcas, y sus responsables de marketing, que cada vez tienen menos ideas y están agobiados por la competencia, se lanzan como locas a por influencers que hablen de sus productos.

The influencers comenzaron dejándose querer: viene una marca, te deja muestras de sus productos para que hables de ellos, y no vas a decir que no. Pero ahora el tema ha cambiado, ahora the influencers han pasado al ataque y van de frente a pedir productos a las marcas, o a comer de gorra en un restaurante, o a dormir gratis en un hotel. Sin cortarse, como si fuera un derecho adquirido. Y las marcas se los dan, salvo honrosas excepciones, esperando ver cómo crecen sus ventas.

Pero claro, no es lo mismo darle una sandía a Antonio Banderas, y que él ponga una foto en Twitter comiéndosela; que dársela a Pepita Lokikuki y que haga una entrada en Facebook con fotos para que las vean sus mil y pico seguidores. No es lo mismo pero las marcas pican y lo hacen. No sé, será para probar, con alguien funcionará.

Para ser influencer solo necesitas ponerte la etiqueta, creértelo y echarle mucha cara.

El caso es que la historia esta de the influencers me tiene desconcertado, sobre todo porque son ellos y ellas los que se ponen esa etiqueta y van con ella por la vida como su tarjeta de presentación. Hay que ser engreído para autoproclamarse influencer, pero lo más bueno es que bastantes han hecho de ello su profesión, vamos a llamarlo así, y parece que les funciona. A las marcas, me da a mí, estoy seguro que no tanto.

En fin, otra más de tantas modas en el marketing. Ni es la primera ni será la última. Lo que sigo sin ver claro es esa conexión entre ser blogger y automáticamente influencer. Algo me he perdido, seguro.

En fin, lo dicho, the influencers no son un grupo de rock, pero podrían serlo. Y hoy, para mi corrompida sorpresa, he leído un artículo sobre el nuevo marketing que llega: el influencer marketing. Ya estaba tardando, la verdad.

Menos mal que estas reflexiones contigo siempre van acompañadas de unas cervezas. Oye, ¿y si nos hacemos influencers y les pedimos a las marcas que nos den unas cuantas para probarlas? Piénsalo, igual funciona.

Salud!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *